Ayer tu hijo comió dos platos de pasta, pero hoy apenas toca la comida. En lugar de verduras, hay protestas, su comida favorita es rechazada de repente y después de tres bocados dice: "¡Terminé!"

Para muchos padres, esto es desconcertante. ¿Está comiendo lo suficiente mi hijo? ¿Le faltan nutrientes? ¿O hay algo más detrás?

Lo más importante primero: Entre el primer y cuarto cumpleaños, el comportamiento alimentario de muchos niños cambia notablemente. Durante la llamada fase de autonomía, descubren su propia voluntad, que a menudo se manifiesta también en la mesa. Menos apetito, preferencias cambiantes y el rechazo de alimentos conocidos son, por lo tanto, a menudo parte de un desarrollo normal.

¿Por qué los niños pequeños comen de repente menos?

Muchos padres comparan inconscientemente con el primer año de vida. En ese entonces, parecía que el niño siempre tenía hambre y crecía rápidamente.

A partir del primer cumpleaños, esto cambia. El crecimiento se ralentiza y, a menudo, también la necesidad de energía. Al mismo tiempo, la comida se convierte en algo más que una simple ingesta de nutrientes: quieren decidir por sí mismos, experimentar y poner a prueba los límites.

Por eso es completamente normal que un niño:

  • algunos días coma sorprendentemente poco
  • ame algo hoy y lo rechace mañana
  • acepte solo unos pocos platos favoritos
  • prefiera comer por sí mismo
  • pierda rápidamente el interés durante una comida

El apetito fluctúa de un día a otro mucho más que en los adultos.

No todas las comidas tienen que ser equilibradas

Muchos padres miran el plato con preocupación. Sin embargo, para los pediatras es más importante observar la semana completa.

Un día con pocas verduras o una comida compuesta casi solo de pasta generalmente no es un problema. Lo importante es si tu hijo come de manera variada en el transcurso de varios días o semanas y se desarrolla normalmente.

Un niño pequeño saludable a menudo equilibra sorprendentemente bien sus necesidades por sí mismo.

Lo que es común en la fase de autonomía

Alrededor de la mesa pueden surgir muchos comportamientos que al principio parecen inusuales:

  • tu hijo hoy come casi nada y mañana el doble
  • de repente solo quiere unos pocos platos favoritos
  • los alimentos no deben tocarse
  • rechaza platos conocidos sin razón aparente
  • quiere hacerlo todo por sí mismo
  • después de unos pocos bocados pierde el interés
  • prueba cosas nuevas solo después de muchos intentos

Esto no significa automáticamente que tu hijo coma mal. Muchos niños necesitan 10 a 15 contactos con un nuevo alimento antes de aceptarlo.

Por qué la presión tiene el efecto contrario

Cuando los niños comen poco, rápidamente se genera una lucha de poder.

"Tres bocados más." "Por mamá." "Entonces no hay postre."

Aunque estas frases son comprensibles, a menudo hacen que la comida se asocie aún más con la presión.

Es más útil una simple distribución de roles:

  • Tú decides qué y cuándo se ofrece.
  • Tu hijo decide si y cuánto come de eso.

Esta actitud reduce la presión de la situación y ayuda a los niños a percibir su propia sensación de hambre y saciedad.

Cuándo la falta de apetito puede significar más

No todos los niños comen menos debido a la fase de autonomía. A veces hay otras causas.

Los niños suelen tener menos apetito temporalmente cuando:

  • Tienen infecciones o fiebre
  • Están dentiendo
  • Tienen estreñimiento
  • Están muy emocionados o hay cambios en su rutina diaria

Por lo general, el comportamiento alimentario se normaliza una vez que la causa ha pasado.

Cuándo deberías consultar al médico

Habla con la consulta pediátrica si tu hijo:

  • Apenas come durante un período prolongado
  • Pierde peso significativamente o deja de crecer
  • También se niega a beber
  • Tiene dolor frecuente al comer
  • Se atraganta o ahoga regularmente
  • Acepta casi exclusivamente ciertos alimentos y se sospechan deficiencias nutricionales
  • Parece en general débil o ha cambiado notablemente

Lo importante no es una sola semana mala, sino el curso y el desarrollo general.

Qué suele ayudar en casa

Comer juntos

Los niños aprenden principalmente observando. Las comidas en familia sin distracciones suelen ser más efectivas que cualquier persuasión.

Ofrecer porciones pequeñas

Un plato lleno puede resultar abrumador para muchos niños pequeños. Las porciones pequeñas pueden ser más motivadoras y siempre se pueden repetir.

Ofrecer nuevos alimentos repetidamente

No presionar, pero tampoco rendirse. Muchos niños aceptan alimentos solo después de varios encuentros.

No usar dulces como recompensa

Si las verduras son la obligación y el chocolate la recompensa, generalmente solo aumenta el deseo por lo dulce.

Mirar el panorama general

Un solo día dice poco. Es mejor observar cómo come tu hijo durante varios días o una semana.

Estas observaciones ayudan a la consulta pediátrica

Si te preocupa el comportamiento alimentario, esta información suele ser útil:

  • ¿Desde cuándo come menos tu hijo?
  • ¿Come menos en general o rechaza ciertos alimentos?
  • ¿Bebe lo suficiente?
  • ¿Ha cambiado su peso o crecimiento?
  • ¿Hubo alguna infección, dentición o cambios en su rutina diaria?
  • ¿Parece tu hijo en general saludable y activo?