"¡Todavía no tengo sueño!" – aunque tu hijo haya estado activo todo el día. En lugar de ir a la cama, de repente quiere jugar, beber algo, escuchar una historia más o encuentra siempre nuevas razones para no dormir.
Muchos padres experimentan esto entre el segundo y quinto cumpleaños de sus hijos. Lo más importante primero: Los problemas para dormir a esta edad generalmente no son una señal de que algo esté mal con el sueño. A menudo están relacionados con el desarrollo de tu hijo: su creciente necesidad de independencia, una imaginación viva o muchas nuevas impresiones del día a día.
¿Por qué de repente es tan difícil conciliar el sueño?
En la edad preescolar, el sueño cambia significativamente. Los niños duermen menos en general que los bebés, pero experimentan sus días de manera mucho más intensa. Al mismo tiempo, desarrollan su propia voluntad, una imaginación viva y el deseo de tomar más decisiones por sí mismos.
Por eso, al momento de dormir, a menudo se combinan varios factores:
- tu hijo aún no se ha calmado lo suficiente
- no quiere terminar el día
- está probando límites y rutinas
- está procesando muchas nuevas impresiones
- necesita temporalmente más cercanía o seguridad
No siempre la falta de sueño es la causa del largo tiempo para conciliar el sueño.
Lo que a menudo todavía es normal a esta edad
Muchos comportamientos parecen agotadores por la noche, pero son parte del desarrollo normal.
Por ejemplo, si tu hijo:
- quiere escuchar una historia más
- se levanta poco después de acostarse
- quiere beber o ir al baño una vez más
- de repente desarrolla miedo a la oscuridad
- no quiere dormir sin mamá o papá
- algunas noches tarda mucho más en dormirse
Estas fases pueden durar algunos días o semanas y a menudo desaparecen por sí solas.
¿Por qué mi hijo sale de la cama una y otra vez?
Muchos niños salen de su habitación varias veces después de acostarse. Quieren contar algo más, necesitan un peluche o simplemente buscan cercanía una vez más.
Por lo general, no hay intención de dificultar la hora de dormir. Más bien, a los niños de esta edad a menudo les cuesta hacer la transición del emocionante día a la tranquilidad de la noche. Un ritual tranquilo y confiable suele ayudar más que largas discusiones.
Qué puede dificultar aún más el sueño
Además del desarrollo normal, varios factores pueden intensificar los problemas para dormir.
Por ejemplo:
- días muy emocionantes
- horarios de sueño irregulares
- siestas largas o tardías
- pantallas justo antes de dormir
- cambios como el inicio en la guardería, mudanza o la llegada de un nuevo miembro a la familia
- preocupaciones o miedos
A menudo, varios de estos factores se presentan al mismo tiempo.
Qué puede ayudar a tu hijo a dormir
No existen rutinas nocturnas perfectas. A menudo, bastan con simples y repetitivos hábitos.
Por ejemplo:
- ir a la cama aproximadamente a la misma hora cada noche
- terminar la tarde de manera tranquila
- evitar las pantallas aproximadamente una hora antes de dormir
- establecer un ritual para dormir, como cepillarse los dientes, leer un cuento y acurrucarse
- mantenerse calmado y firme, incluso si tu hijo pone a prueba los límites
Muchos niños se benefician de que la rutina sea similar cada noche. Esto les brinda seguridad y facilita la transición hacia la noche.
¿Debe mi hijo dormir solo?
No. No hay ninguna razón médica por la cual todos los niños de esta edad deban dormir solos.
Algunos niños duermen sin problemas por sí mismos, mientras que otros aún necesitan contacto físico, un cuento o que alguien se quede un momento con ellos. Lo importante es que la situación para dormir funcione bien a largo plazo para tu familia.
¿Cuándo deberías prestar más atención?
Las dificultades para dormir solas no suelen ser motivo de preocupación. Una evaluación pediátrica puede ser útil si se presentan otros signos.
Por ejemplo, si tu hijo:
- ronca fuertemente o tiene pausas respiratorias con regularidad
- se despierta frecuentemente por la noche debido a dolores
- duerme muy poco durante un período prolongado y parece muy cansado durante el día
- muestra piernas inquietas o una gran inquietud motora
- desarrolla grandes miedos o el sueño afecta gravemente a toda la familia de manera continua
Si sientes que los problemas de sueño son más que una fase pasajera, vale la pena hablar con el pediatra.
Resumen
Entre los dos y cinco años, el sueño y la forma de dormir cambian con frecuencia. Más independencia, imaginación y muchas nuevas experiencias diarias pueden hacer que los niños tengan más dificultades para calmarse por la noche. Con paciencia, rutinas confiables y expectativas realistas, muchas de estas fases se vuelven más fáciles por sí solas.





